Manhunt 2 prohibido
Qué lamentable es ver cómo un país democrático es tan increíblemente restrictivo con determinados tipos de productos culturales.
En las librerías hay textos mucho más violentos, sin ningún tipo de signo indicativo de edad mínima o control parental: textos de escritores suicidas, de locos, de radicales políticos de todo signo. Nadie parece percibirlos como una amenaza para la estabilidad mental de la juventud - aunque, por otro lado, la juventud no lee, todo el mundo lo sabe. Algunos productos culturales, jamás censurados, han servido de excusa a guerras o servido de inspiración a algunos de los regímenes más violentos y asesinos de la historia.
El asesino de John Lennon era un ferviente lector de "El guardián entre el centeno", de Salinger. Es uno de mis libros favoritos y, como dice la camiseta que llevan algunos jugadores de rol, yo todavía no he matado a nadie. Parece que el problema está en la mente del ser humano, en su situación social y emocional, y en su desarrollo existencial. La culpa no es de un producto cultural concreto. Si alguien después de ver una película de Rambo sale a la calle a matar a la gente, el problema no radica en la película, sino en esa persona.
Pero los videojuegos... ah... eso es otra historia. Esas invenciones maléficas, que impulsan a la gente a asesinarse unos a otros... oh, horror. Hay que prohibirlos, erradicarlos. Cualquier cosa que impulse a la gente a hacer más cosas con sus ordenadores o consolas que saltar y comer setas debe ser destruida.
Menuda panda de hipócritas.
El día en que alguien mate a alguien y diga que es por culpa de Super Mario World, veremos la que se arma. Nadie le pide al periódico que censure sus fotografías, ni al informativo de la tarde que se emita en otros horarios, más apropiados a sus contenidos. Con la cantidad de problemas que hay en el mundo, y aquí la gente preocupada por censurar el trabajo de otros.
En las librerías hay textos mucho más violentos, sin ningún tipo de signo indicativo de edad mínima o control parental: textos de escritores suicidas, de locos, de radicales políticos de todo signo. Nadie parece percibirlos como una amenaza para la estabilidad mental de la juventud - aunque, por otro lado, la juventud no lee, todo el mundo lo sabe. Algunos productos culturales, jamás censurados, han servido de excusa a guerras o servido de inspiración a algunos de los regímenes más violentos y asesinos de la historia.
El asesino de John Lennon era un ferviente lector de "El guardián entre el centeno", de Salinger. Es uno de mis libros favoritos y, como dice la camiseta que llevan algunos jugadores de rol, yo todavía no he matado a nadie. Parece que el problema está en la mente del ser humano, en su situación social y emocional, y en su desarrollo existencial. La culpa no es de un producto cultural concreto. Si alguien después de ver una película de Rambo sale a la calle a matar a la gente, el problema no radica en la película, sino en esa persona.
Pero los videojuegos... ah... eso es otra historia. Esas invenciones maléficas, que impulsan a la gente a asesinarse unos a otros... oh, horror. Hay que prohibirlos, erradicarlos. Cualquier cosa que impulse a la gente a hacer más cosas con sus ordenadores o consolas que saltar y comer setas debe ser destruida.
Menuda panda de hipócritas.
El día en que alguien mate a alguien y diga que es por culpa de Super Mario World, veremos la que se arma. Nadie le pide al periódico que censure sus fotografías, ni al informativo de la tarde que se emita en otros horarios, más apropiados a sus contenidos. Con la cantidad de problemas que hay en el mundo, y aquí la gente preocupada por censurar el trabajo de otros.


